El 42 es el número más bello: sereno, perfecto, suficiente (La Guía del Autoestopista Galáctico" de Douglas Adams). Sin embargo yo me persivo a mi mismo cómo un ser roto, un ser incompleto, yo no vivo en esa frecuencia. Estoy más cerca de los 52. Como la ballena solitaria que canta cada año con una voz que nadie puede oír. Que intenta comunicarse con los suyos, pero su frecuencia está maldita. Está solo. Y lo sabe.
Yo también.
Este blog es mi canto de 52 hercios. No tiene audiencia. No tiene comunidad. No hay lectores esperando mis palabras. Nadie las comparte. Nadie las cita. No soy tendencia. No soy inspiración. Y no quiero serlo.
Escribo porque no puedo dejar de pensar. Porque las ideas se pudren en mi mente si no las escupo. Porque si me las trago, me destruyen. Así que las dejo aquí, en este rincón invisible del internet, como quien grita en un pozo vacío.
42 Hercios es un lugar para pensamientos que flotan sin dirección, erráticos, aleatorios inclusive funables. Para preguntas sobre la muerte, la trascendencia, el vacío. No hay respuestas. No hay promesas. Solo yo, escribiendo para nadie. Como una plegaria lanzada al espacio sin fe, sin esperanza. Solo necesidad.
Y si un día ves que esto se queda quieto por demasiado tiempo, si ya no hay nuevas entradas, si el eco se apaga... no te extrañes. Tal vez ya pasé a mejor vida.
Sé que tengo problemas de salud. No sé cuánto tiempo me queda. Es como aquella parábola: estás dentro de una cueva llena de monedas de oro. Puedes tomar una cada día, disfrutar su peso, su brillo. Pero no sabes cuántas hay. Un día tomarás la última sin saber que lo era.
Comentarios
Publicar un comentario